viernes, 23 de noviembre de 2007

PROFESORES TOMAN PARTIDO EN UN CONFLICTO, APARENTEMENTE, ESTUDIANTIL



Con derecho a réplica
Elecciones estudiantiles 2007


“Lo aceptamos y nos rendimos”

Como miembros activos y comprometidos con la realidad universitaria no podemos sino estar preocupados por el complejo panorama que se vive en los últimos tiempos. Dicha preocupación no es nueva y abarca tanto las cuestiones de índole académica como las de índole política y de cogobierno. Considero que el sistema de la Reforma Universitaria implementado por la Universidad Pública genera en su seno diversos problemas que no podrían tratarse con profundidad en estas cortas líneas. En términos generales, pueden reconocerse al menos dos grandes ejes de reflexión, a saber: por un lado, el sistema político de la Reforma en sí mismo, es decir, el Organigrama, los Estatutos, la Ley, que hacen a la constitución, funcionamiento y permanencia de la Institución Universidad; por otro, el de los actores que habitan los espacios institucionales, es decir, los claustros de Docentes, Graduados, Alumnos y No Docentes. No es mi intención abordar aquí todas estas cuestiones, sino reflexionar sobre un hecho puntual producido por un sector de aquellos actores partícipes de la vida política universitaria en una Facultad específica, la de Periodismo y Comunicación Social.
Si bien podría considerarse como un hecho menor, el mismo resulta -a mi juicio- altamente significativo. En las últimas semanas –entre fines de octubre y principios de noviembre del corriente año- nos enteramos que en la citada Unidad Académica, las elecciones del claustro estudiantil –de los representantes estudiantiles para el Honorable Consejo Académico- y las correspondientes a la elección de autoridades del Centro de Estudiantes iban a realizarse por separado. En el caso de las primeras, la organización corre por cuenta de las autoridades de la Facultad, tal como es su


responsabilidad por competencia estatutaria. El voto de los alumnos en éstas, como se sabe, es obligatorio.
Mientras tanto –y en forma paralela a los días establecidos para los comicios de claustro- las “Fuerzas Políticas Estudiantiles”[1] organizaron por su cuenta las elecciones para autoridades del Centro de Estudiantes, no siendo obligatorio en este caso el voto de los alumnos. Se llegó a esta situación porque las “Fuerzas Políticas” estudiantiles ejercitaron –en una Asamblea convocada ad hoc- su derecho Soberano a decidir sobre sus propias elecciones. Los datos recogidos indican que en dicha Asamblea participaron unas seis agrupaciones políticas, cinco de las cuales se encuentran en una abierta oposición a las autoridades. La restante agrupación puede considerarse como “oficialista”, al menos en términos relativos. Vale aclarar que otra agrupación no participó de la Asamblea porque sus militantes consideran inútil –tal como lo manifestaron- cualquier intento por razonar, escuchar al otro y llegar a un entendimiento entre las partes. Concurrieron también a dicho acto de política numerosos alumnos procedentes de las Extensiones que la Facultad sostiene en diversas ciudades fuera de La Plata. Dichos, viajaron con el único propósito de participar en la Asamblea, manifestando así una voluntad concreta de hacer política, porque sabían que en la misma se tomarían decisiones que de una u otra manera afectarían sus intereses. Como actores políticos, hasta entonces reconocidos como tales, quisieron participar del acto soberano. Un último dato nos habla de que asistieron a esa Asamblea “alumnos” de otras Unidades Académicas para apoyar y sumar votos a las “Fuerzas Políticas” locales.
Uno de los temas tratados en la Asamblea -principal motivo de esta reflexión- fue el de considerar la posibilidad de no solo desdoblar las elecciones a las que se ha aludido, sino el de dejar fuera de las elecciones para autoridades de Centro de Estudiantes a los alumnos de las Extensiones. Sabido es que en los últimos años la agrupación

oficialista sumaba adherentes entre los estudiantes de las Extensiones, quienes -en forma masiva- les brindaban su apoyo electoral, aunque no pueda hablarse de unanimidad. A la inversa, ninguna de las otras “Fuerzas Políticas” ha logrado captar el apoyo de ese electorado, generándoles un escollo político para sus aspiraciones de controlar el Centro de Estudiantes. Las razones de la falta de apoyo electoral a estas agrupaciones no son motivo de este análisis. En cambio pretendo focalizar la atención en el razonamiento político de estas “Fuerzas”, el que las llevó a impulsar la iniciativa de dejar fuera a sus pares de las Extensiones.
En aquella Asamblea se votó por el desdoblamiento de las elecciones y por la organización de comicios para la elección de autoridades de Centro solamente para los alumnos de La Plata. Una de las razones (¿!) escuchadas en ese acto soberano fue que los alumnos de las Extensiones no son normales. Tal vez querrán decirnos que no se dan cuenta que están siendo manipulados, como si el “aparato” montado por el oficialismo les impidiera, vaya a saber por qué, ejercitar su razón. El argumento –si se me permite decirlo- no merece, ni resiste, el menor análisis de parte de ningún miembro de la Universidad Pública y, por tanto, lo descalifico de plano. No obstante, parece estar claro que aquéllos son distintos de éstos, es decir no los consideran como iguales. Ciertamente en nuestra sociedad existen desigualdades manifiestas, porque existe la injusticia en todos los planos de la vida. Aquéllos no son iguales seguramente porque no comparten con éstos el mismo capital cultural, político, social, económico y educativo. Basta con tomar un simple dato de la realidad para comprender a lo que me refiero: en varias ciudades del llamado “interior” no hay librerias. Aquellos no acceden fácilmente a los libros, mientras que éstos, los normales, cuentan al menos con la existencia material del comercio librero. A quienes estamos al frente de una clase se nos hace evidente la injusticia y, por tal razón, intentamos atenuar sus efectos en el plano que nos compete. Vale la pena el esfuerzo, no bajamos los brazos y necesitamos acompañamiento.
Por el contrario, las “Fuerzas Políticas Estudiantiles” involucradas en esa iniciativa han aceptado de hecho su debilidad, han admitido que no

pueden transformar la realidad. Paradójicamente son esas agrupaciones las que en forma permanente –aunque no por ello lógica y coherentemente- insisten con la necesidad del compromiso y la idea de transformación. Ya no es la “Fuerza”, sino su debilidad la que los impulsa a tomar tamaña decisión. Se sienten derrotados y lo aceptan, renunciando definitivamente a las posibilidades de cambio.
En efecto, han sido derrotados, porque no han sabido implementar una estrategia para lograr la adhesión de sus compañeros que viven en otras realidades, y tampoco han sabido –tal vez- elaborar contenidos discursivos atractivos para aquellos. Es decir: admiten no saber hacer política. Por cierto, tampoco tienen por qué saberlo, ya que, al fin y al cabo –jamás debe olvidarse- a la Universidad vienen a aprender, y este es su deber. ¿Por qué? Nada más y nada menos porque para cogobernar deben aprender a ser dirigentes políticos.
Lo preocupante es que lo ocurrido en la Asamblea pueda ser evaluada como un triunfo político, a la manera de aquellos camaradas de Semprún citados por él, cuando, al inicio de cada una de las reuniones, decían “Camaradas, está visto… vamos de triunfo en triunfo y de victoria en victoria…”[2] cuando -en rigor- ocurría lo contrario. No podrá verse en ello un triunfo político cuando el acto implicó en los hechos retirarse voluntariamente de la política. Resulta muy incómodo escribir estas líneas, porque obliga a reflexionar sobre nuestras propias prácticas, actitudes y mensajes como docentes. En lo personal, no creo haber dado jamás un mensaje derrotista, pero me obliga a renovar los esfuerzos para que nunca llegue el momento de decir, como lo dijeron esas agrupaciones: no vale la pena, allí no podemos hacer nada, ¡¡¡nos rendimos!!!


Guillermo O. Quinteros
Prof. Historia de las Ideas y Procesos Políticos

[1] El entrecomillado obedece al hecho de haber recibido personalmente una respuesta donde se hablaba en estos términos.
[2] Semprún, Jorge. Autobiografía de Federico Sánchez, Barcelona, Planeta, 1995, p. 13

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